Jun
Aventuras y desventuras en el transporte público
Es bien sabido por todo el mundo que en el transporte público pasan algunas de las mas graciosas anécdotas de nuestras vidas. Será quizás porque hay mucha gente en él, quizás porque pasamos muchas horas montados en él o quizás porque en Madrid siempre vamos corriendo a todas partes y eso provoca que muchas veces nos sucedan cosas que nos dejan en ridículo pero con las que pasado mucho tiempo nos seguimos riendo.
Comenzaré a contar algunas de las anécdotas más curiosas que recuerdo, tanto mías como de otras personas intentando evitar los famosos restregones que tanto hombres como mujeres hemos sufrido y que, desde luego, no nos hacen ni una pizca de gracia.
Empezaré con algunas de las anécdotas que he sufrido yo en mis propias carnes.
Hace ya un par de años que comencé a trabajar en la empresa en la que trabajo ahora. Uno de los primeros días de trabajo fui bastante ingenua y corrí a por el metro, por no llegar 2 minutos tarde a la oficina, cosa que me descuadraría todo mi horario semanal (eso era lo que pensé en ese momento). Como la linea de metro que cojo para ir a trabajar es la linea 10, pasó lo que tenía que pasar. Al correr para que las puertas se cerraran detrás de mí y no delante, entré dando un salto al vagón, y eso hizo que protagonizara una de las mejores caídas de culo que se han producido en el metro en bastante tiempo. Pisé el suelo, que es bastante resbaladizo y con la velocidad mis pies se fueron para alante y mi culo para atrás, por lo que caí de culo a toda velocidad.
Justo detrás de mí se cerraron las puertas y todo el mundo se me quedó mirando. Cuando conté lo que me había pasado todo el mundo me preguntó por qué en la siguiente parada no me había bajado y me había montado en otro vagón, y ahí es donde viene lo peor, la linea 10 de metro tiene unos trenes en los que los vagones están unidos siendo todo el tren un vagón flexible, así es que desde el primer hasta el último vagón todo el mundo me había visto caer de culo. Seguramente si alguno hubiese tenido un papel y un rotulador a mano hubiesen escrito un 10 de puntuación y lo hubiesen mostrado como en la gimnasia.
La siguiente de mis aventuras (que es anterior a la de la caída) vino el día que monté en la linea 6 e iba hasta arriba de gente. Entre los apretujones de la gente yo me desorienté un poco y me encontré de pronto apoyada cómodamente en el hombro de un hombre al que no conocía, cuando me di cuenta me levanté corriendo, pero ya era tarde, el señor me miraba con una cara bastante extrañada.
Ahora contaré la que por más que me cuenten no me deja de hacer gracia. Esta, por suerte, no me pasó a mí. Le pasó a una amiga, con ella tengo dos aventuras de transporte público bastante graciosas, pero empezaré por la que más gracia me hace.
Los que hayáis viajado en el metro de Madrid sabréis que la estación de Atocha Renfe en hora punta es un auténtico caos. Pues ese caos le afectó a mi amiga. Cuando el tren llegó a Atocha Renfe y ella pretendía bajarse la marea humana empezó a intentar entrar. Entre tanta gente ella iba en sentido contrario, empezó a pedir paso y a empujar a la vez que tiraba de su precioso bolso con la correa como una cadena. Cuando por fin consiguió salir del metro se comenzó a colocar toda la ropa que se le había quedado descolocada con tanto empujón, pero cuando llegó a colocarse su maravilloso bolso, cogió su cadenita….y nada más, solo le había quedado la correa y el bolso se había quedado metido entre la gente.
La segunda anécdota de esta amiga fue volviendo de Zarzalejo en el tren de cercanías. El tren de cercanías tiene dos botones en las puertas, uno para abrir y uno para cerrar. Bueno, pues era un día que hacía bastante frío y nosotros íbamos sentados al lado de la puerta. En una parada determinada alguien abrió la puerta para bajarse, cuando esa persona se había bajado, nuestra amiga le dió al botón de cerrar una y otra vez, de tal forma que la puerta se abría y se cerraba sin cesar. Cuando todos nos dimos cuenta de lo que pasaba le avisamos, resulta que había un hombre intentando entrar, pero con tanto darle a cerrar de nuestra amiga le era imposible.
Tengo muchas más, pero no me quiero alargar mucho, así es que si alguno queréis contar alguna, que seguro que alguna os ha pasado os animo, para poder echarnos unas risas. Animaros que seguro que a más de uno se os ha quedado alguna vez el abrigo o el paraguas pillado con las puertas.

Yo lo más gracioso de lo que tengo constancia, porque afortunadamente no pasó nada, es un amigo que ho hizo caso a lo de “estación en curva” y se quedó encajado entre el hueco del andén y el metro, gracias a que llevaba mochila. Como no es muy grande lo sacaron rápido, pero podía haber sido gordo el tema
De esos he visto yo algunos, a mi me daría un ataque de nervios si me cayese
Hace unos anos visitando tu pais en el metro estación de Atocha Renfe que mencionas en hora punta estaba yo esperando el vagon ,por cierto vestia yo minifalda de poliester porque era primavera y hacia mucho calor.
entre,o mejor dicho “amablemente”
me “cargaron” varias manos hacia adentro, mi minifalda quedo atroada en la mochila de un chico y este la jalo yo tambien jale porque senti que se me levantaba y el gano. dio un jalon y la mini se rompio, quedandome en pantis frente a medio mundo….
las puertas se cerraron y yo muerta de verguenza medio desnuda en el vagon . lo unico que hice fue quedarme quieta hasta que un muchacho se quito su
playera y me la puse de “short”
el me acompano el resto del camino.
por cierto termine de novia de el.
Bueno, al menos perder la falda te sirvió de algo…es que en atocha renfe hay que tener mucho cuidado, ya lo aprendiste para la próxima vez que vengas.