Atención, esta entrada es algo escatológica, avisado quedas.
Cuando yo era pequeño no se estilaba lo de recoger las cacas de los perros, y era bastante común pisar un toligo cada cierto tiempo. Esta situación era traumática porque daba igual que restregases el zapato en hierba o en tierra, que metieses un palito por los huecos de la suela para sacar los restos o que metieses el zapato en un charco, cuando pisabas una mierda te tocaba ir con el olor durante un buen rato y para colmo siempre estaba el que trataba de consolarte diciendo que daba buena suerte, que no solo no conseguía consolarte sino que te hacía pensar que si de verdad daba suerte, la última que pisaste debería haber hecho que no pisases esta…
Pero todo esto a ido mejorando con el tiempo, no es que a día de hoy no se puedan encontrar excrementos caninos, simplemente la proporción se ha reducido gracias a que se va implantando poco a poco una de las normas cívicas que todo el mundo debería obedecer. Se trata obviamente de aquella que dice (con otras palabras, pero para que nos entendamos estas valen) que si eres dueño de un perro eres dueño de sus cacas y por tanto no las puedes ir dejando por ahí.
Yo que soy persona civilizada siempre he intentado cumplir las normas, sobre todo las que pueden significar peligro o molestias a otras personas, así es que desde que tenemos a Hugo recojo sus “regalitos”. Esto que puede parecer una cuestión sencilla, al principio no fue nada facil, pongamonos en situación:
Hugo no es un perro pequeño ni mucho menos, de hecho, con sus 40 kilos puede ser considerado como bastante grande, y por tanto su capacidad excretora es grande también, vamos, que planta unos pinos bien hermosos. Si a esto juntamos que al principio íbamos a un recinto para la suelta de perros, donde no todo el mundo cumple con las normas y por tanto se encuentra completamente minado, añadimos la manía de Hugo de irse lo mas lejos posible (supongo que querrá tener algo de intimidad) y por último, el ridículo tamaño de las bolsas para recoger excrementos que había por aquel entonces, tenemos el porqué se hacía dificil cumplir la norma. Todos los días me tocaba atravesar el campo de minas, enfundarme la mini bolsa y tratar de coger el pastelón calentito que acababa de depositar Hugo. Era un infierno, así es que traté de idear algún método un poco mejor.
Lo primero que se me ocurrió fue utilizar bolsas de la compra, su tamaño era mayor y por tanto podía abarcar todo, además, no era necesario utilizar una sola mano, podía usar las dos a la vez lo cual facilitaba la tarea.
El siguiente paso, una vez dejé de ir al recinto, el cual estaba muy degradado y daba sensación de que podías pillar cualquier enfermedad allí, consistió en perseguir a Hugo cuando decidía hacer sus cosas, sus movimientos en circulo hacían facil prever cuando iba a suceder, y llegado el momento bastaba colocar la bolsa debajo y esperar a que acabase. El mayor problema de esta técnica era que no siempre quedaba bien colocada la bolsa y tenías que recurrir al sistema anterior, pero era un avance. Sin embargo no era suficiente y tenía un segundo problema, hacerse con una buena colección de bolsas era complicado y usar bolsas de basura era demasiado caro…
Así es que se me ocurrió otra cosa, lo que para mi es la solución definitiva: periodicos viejos. La técnica en este caso es la misma que la de la bolsa de la compra, pero con varias ventajas. En primer lugar, conseguir un periodico es muy fácil y barato (de hecho, con la proliferación de los periodicos gratuitos hay saturación), por otro lado un único periodico vale para varios días, ya que con una sola hoja es suficiente, y por su tamaño los fallos se reducen casi al 0%. Una vez el perro ha terminado, solamente hay que coger de las cuatro puntas y plegarlo, quedando el asunto alejado de las manos.
La evolución de este método es reutilizar los catálogos de saturn o mediamark que son un poco mas grandes que los periodicos y el papel es algo mas resistente con lo que valen incluso cuando ha llovido.
¿Y tu como recoges las cacas de tu perro?