Jul
Nostalgia veraniega
Cuando era pequeño hubo unas cuantos productos veraniegos que marcaron en cierto modo mi vida y que hoy en día no existen o son muy difíciles de encontrar, así es que voy a hablar de algunos de ellos, los cuales podéis ver en estos carteles.


Empecemos

La opción mas barata cuando te querías comprar un helado era el popeye. Recuerdo que en mi época costaba 5 duros, unos 15 centimos de los de ahora, y aunque era de hielo era algo más consistente que un simple flash, y su sabor sin duda era mucho mejor. Lo había de dos sabores, naranja y limón, aunque otras marcas sacaron imitaciones de otros muchos sabores entre los que se encontraba el de menta, uno de mis favoritos. Hoy en día sigue existiendo, aunque solo lo venden de limón y a un precio bastante menos adecuado a lo que es, un simple polo de hielo.

Otro gran helado era el frigodedo, el hermano bastardo del frigopie. Mismo concepto pero distinto material, de nuevo un helado de hielo que con el tiempo ha desaparecido. Solo por la cantidad de bromas a las que daba lugar (y eso que éramos pequeños, que ahora lo veo con mirada mas sucia) merecía la pena comprarlo.

Otra opción superbarata para refrescarse en verano eran los flash. Sigue habiendolos, pero la variedad de la que disponiamos no se encuentra hoy en día. Recuerdo que los había para todos los gustos, el estandar que era el que costaba un duro (5 pesetas, unos 3 centimos de euro), luego los había de 10 pesetas que no merecían mucho la pena porque costaban el doble pero no eran el doble de tamaño. También había uno de dos sabores en paralelo, un poco dificil de comer, mas que nada porque tenía un trozo de plástico que separaba los sabores, era como si cogieses dos flashes a la vez. Existía uno extragordo que era igual de largo que el resto pero 3 ó 4 veces el ancho, y que costaba bastante meterse en la boca y a veces provocaba cortes en las comisuras de los labios. Y por último recuerdo el megaflash, el de 25 pesetas que era realmente grande, mas de medio metro de hielo de sabores con capacidad para competir directamente con el popeye gracias a que al ser un hielo en una bolsa te permitía disfrutar de lo mejor del flash en grandes cantidades, el caldo. Ese caldo que tantas veces trataba de gorronearte algún amigo cuando te pedía un trozo y aprovechaba para sorber y llevarse un poco, mira que me fastidiaba que se bebieran mi caldo…
Siguiendo con los flashes no me puedo olvidar de la variedad de sabores, que fueron evolucionando de los básicos naranja y limón, pasando por la fresa, la cocacola, la mora, la piña, hasta llegar a los de sabor indeterminado, el verde y sobre todo el azul, que era uno de los favoritos de la mayoría.

Mención especial para un helado que sigue existiendo hoy en día y que podríamos decir que es el flash 2.0, hablo del incombustible Calippo que quita el hipo.

Otro grande que no me puedo dejar por el camino es el mikolápiz, helado de ¿vainilla? con una mina de chocolate. Su palo redondo nos permitía girarlo para poder sacarle punta, y cuando lo acababas podías coger la base en la que se apoyaba el helado para usarlo como una peonza improvisada. Versiones posteriores añadían un par de nuevas funcionalidades, el palo era un silbato o contenía caramelos.

Por último, uno de los mayores experimentos heladeros fue el colajet, que grande, cola, vainilla y punta de chocolate. Una mezcla sin duda arriesgada, pero que nos sabía a gloria. Para colmo hubo una época (yo diría que durante casi toda mi infancia) que al acabar el polo te podías encontrar en el palo el premio de un helado gratis, por lo que te podías comer dos por el precio de uno y si tenías mucha suerte tres o incluso cuatro, vamos, una verdadera ganga de helado.
Y a ti, ¿cual era el que más te gustaba?




